Se oye todos los años. Cuando llegan los playoffs de fútbol, se dispara la violencia doméstica. La historia es más o menos así: "Los hombres se toman una copa de más, se enfadan cuando su equipo favorito pierde, estallan en ataques de ira y se desquitan con sus mujeres y novias".
A pesar de este guión tan citado, nadie parece haber sido capaz de presentar estadísticas que lo respalden. ¿Merece la pena preocuparse por la advertencia de violencia doméstica o se trata de una leyenda urbana?
El mito
No hay pruebas de que la violencia doméstica o de pareja aumente en correlación directa con uno de los acontecimientos deportivos más importantes del país, ni con ningún acontecimiento deportivo. El culpable es probablemente una conversación de 1993, en la que una alianza de grupos de mujeres supuestamente señaló una estadística de la Universidad Old Dominion que afirmaba que los incidentes aumentaron un 40% cuando los Redskins ganaron en 1989.
La opinión pública, ávida de dramatismo en lugar de hechos cuidadosamente analizados, se hizo eco de esta afirmación. Probablemente lo hicieron con buena intención, tratando de proteger a las mujeres en un momento que suponen especialmente vulnerable. Pero cuando se dedica tiempo y recursos a perpetuar un mito, se desvía la atención del problema real.
La realidad
Ningún día en particular es peor cuando se trata de violencia doméstica. Por término medio, 1 de cada 3 mujeres y 1 de cada 10 hombres serán víctimas de su pareja a lo largo de su vida; ¡la cifra no cambia en función de factores externos como un partido de fútbol! Difundir datos falsos sobre la violencia pone nerviosa a la gente en lo que debería ser un día de diversión, y hace más difícil separar a los inocentes de los culpables.
La violencia doméstica es uno de los delitos más difíciles de juzgar. Dado que los incidentes casi siempre tienen lugar en privado, muchos casos se basan en pruebas anecdóticas más que en pruebas verificables. No siempre va a haber señales físicas de que se haya producido o no un altercado, por lo que, comparativamente, es más fácil tanto ocultar los malos tratos como presentar denuncias falsas de los mismos.
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